De la nueva/vieja táctica imperialista
- Kevin Cruz

- 22 oct 2025
- 3 min de lectura

Vivimos unos tiempos que parecen sacados de películas o libros distópicos. Los tiempos de la inteligencia artificial, del inmediatismo, de las redes sociales. Tiempos del ciberespectáculo y de los Showman. Los tiempos en los que todo se convierte en meme, en los que la dignidad humana y la empatía se traduce en un like y un reposteo. Tiempos en los que se transmite en vivo un genocidio ante el cual la mejor respuesta parece ser poner una advertencia que reza algo como “las imágenes que verá a continuación son muy reales, ¿preferiría omitirlas?”.
Estos tiempos, en los que se graba y se publica la destrucción de lanchas pesqueras como la gran victoria de la lucha contra el terror del mundo. En los que los medios corporativos celebran la “mano dura” contra el crimen, que no se traduce en nada más que el asesinato y la persecución a los pobres. Es en estos tiempos que cada vez son más cercanos a los juegos del hambre, que nos tocó vivir y resistir.
Asistimos, desde hace ya varios meses a lo que evidentemente es un intento del imperio en crisis, de demostrar fuerza. Un imperio que se niega a morir y pretende mantener lo que en su momento consideró su patio trasero. Argumenta su despliegue de fuerza en la “lucha contra el narcotráfico”, que hace años era la “lucha contra el terrorismo” o la “lucha por la democracia” y que puede llevar cualquier otro nombre, pero que no es más que la lucha por mantener la opresión y el dominio sobre el mundo.
El despliegue de fuerza que ha venido desarrollando Estados Unidos en cabeza del showman y presidente Donald Trump en las aguas del mar caribe con la amenaza constante de atacar e invadir Venezuela, no es más que el interés de controlar tanto los recursos naturales, como el petróleo venezolano, como la política del continente americano, del que espera una relación de colonia y colonizador. Todo esto justificado en la supuesta persecución del narcotráfico y la existencia del “cartel de los soles”, del cual no existe ninguna prueba, como no lo existió de las supuestas armas de destrucción masiva que justificaron la invasión a Irak o las armas químicas que han justificado los a taques en Siria.
Esto no es más que la nueva/ vieja estrategia del imperialismo para imponerse ante el mundo, esperando obediencia ciega al generar golpes de estado contra gobiernos que le plantan cara y le ponen límites, para imponer, en su lugar, gobiernos lacayos y con vocación de colonia. Es el mismo libreto que hemos visto pasar ante nuestros ojos una y otra vez. Esperemos que esta ocasión no termine de la misma manera.
Ante esto, cualquier persona consciente y con un mínimo de sentido común, debería rechazar cualquier intento del imperialismo de invadir territorio Nuestroaméricano. Y aquell@s que lo aplauden y hasta lo piden a gritos, como el Uribismo en Colombia, Milei en Argentina, o la irónicamente reciente nobel de paz María Corina Machado; No son más que entreguistas mezquinos que ponen por encima de la vida de miles, los intereses económicos de su clase social. Que mientras acusan a los demás de apátridas, claman el domino extranjero sobre sus pueblos y reclaman la pacificación violenta y el silencio de las tumbas. Esa es su anhelada paz.
Quienes nos ubicamos desde los intereses populares y queremos un futuro de paz con justicia social, sabemos que no hay nada más perjudicial que la intervención norteamericana en nuestro territorio, y que solo Nuestra América unida podrá hacerle frente a los intereses imperialistas del norte.
Nosotrxs gritamos al unísono ¡Gringos go Home!




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