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El tropel ¿una reivindicación legítima o una rutina sin sentido?

Escrito por: Alejandra Castro y Kevin Cruz



Si bien hoy en día el tropel universitario se ve como un performance sin sentido o un capricho de personas irresponsables, vale la pena reconocer el carácter histórico y estructural en el que emergió como una forma de respuesta por parte del movimiento social, y particularmente el movimiento estudiantil, ante las condiciones de persecución y cierre institucional para la participación política crítica. 


Los tropeles históricamente han formado parte del repertorio de acción directa de los movimientos estudiantiles, cuyo carácter clandestino es producto de condiciones en las que la exigibilidad pública y pacífica de demandas resultaba en dinámicas de perfilamiento, violencia política y eliminación física. Nada más basta recordar la oleada de estudiantes asesinadxs y desaparecidxs durante el siglo XX para entender la razón de usar la capucha para proteger la vida. 


Esta forma de acción, que normalmente es criminalizada por quienes defienden la legalidad y los medios institucionales, es consecuencia de las condiciones de violencia estructural, simbólica y directa que ha dispuesto el aparato estatal capitalista y criminal, contra todxs aquellxs que se han atrevido a manifestar su opinión disidente, entre los cuales han estado siempre lxs estudiantes, a quienes se les ha atacado de manera desproporcionada manteniendo dinámicas de exclusión y desigualdad escondidas detrás del argumento del marco legal, que no necesariamente es legítimo. 


En este sentido, las armas artesanales y callejeras como disputa contra el monopolio de la fuerza del Estado es la evidencia del cierre de las posibilidades verdaderamente democráticas para disentir o expresar abiertamente ideas contrarias a las dominantes, más cuando se ataca selectivamente a los sectores marginales. 


Los tropeles surgieron como acciones de grupos organizados que decidían ir más allá de los mecanismos institucionales que consideraban insuficientes para poner en el centro sus demandas y horizontes políticos. No sólo por medio de acciones directas sino también textos (chapolas), pintas, arengas y discursos que le daban sentido y legitimidad a toda la acción, pero sobre todo reconociendo que ninguna acción directa puede hacerse sin el respaldo de quienes dice representar.  


Teniendo ese contexto, ya no parecen tan absurdas las expresiones de acción directa de los sectores estudiantiles, ni se ven como prácticas en el aire de algunos “vándalos” o “desadaptados” sino más bien como producto de las condiciones materiales, históricas y sociales. Sin embargo ¿se alinean los tropeles actuales a los que describimos anteriormente?


Las situaciones de desigualdad y precarización de la vida y del futuro siguen ameritando la disputa explícita contra la institución que las reproduce y mantiene. Sin embargo, las consignas por la libertad individual, la falta de horizonte político, la pobre lectura estratégica y cuidadosa de los repertorios de acción,  y la baja legitimidad de estas acciones en la comunidad universitaria, hacen que el tropel hoy en día no tenga la potencia que ameritan las manifestaciones de rebeldía colectiva


Actualmente, para la misma comunidad universitaria no es clara la demanda frente a la cual se realizan los tropeles, pues son más bien pocas las veces que se hacen actos simbólicos que aclaran su sentido y su línea política. Por lo que, pierden legitimidad a los ojos de lxs estudiantes y la sociedad en general y se desvinculan de las necesidades reales de las bases sociales, pareciendo más bien actos aleatorios que no tienen razón de ser, incluso si realmente pretenden tenerla. 


Sin embargo, los medios de comunicación y las visiones aburguesadas y pacifistas en la Universidad pública, tampoco han contribuido a hacer una lectura crítica de las acciones del movimiento estudiantil para darles un nuevo sentido político - como creo que debería ser - sino más bien han alentado demandas por intervención estatal, militarización, securitización, vigilancia y control dentro de la Universidad, lo cual en la historia del movimiento estudiantil, nunca ha terminado bien. 


Que la falta de lectura y claridad política no nos lleve a pedir a gritos la intervención del opresor, que el pensamiento y la lectura crítica nos permita identificar los intereses detrás de cada acción. Recordemos que quienes dicen condenar el uso de todas las formas de lucha, las usan cotidianamente, legal e ilegalmente.


 
 
 

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